Santa Cruz Limpia

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Vacaciones, buen tiempo, playa, terrazas… definen para muchos el periodo estival y, desde hace varios años, los festivales de música han pasado a ser parte indispensable de los veranos en España. La gran cantidad de citas musicales que se celebran cada año hace que el 65,8% de los canarios haya asistido en alguna ocasión a este tipo de eventos, según el estudio Tenemos Otro Latido de Ball, el mayor fabricante de latas de bebidas del mundo. Sin embargo, este tipo de eventos también despiertan algunas voces críticas debido a su impacto en el medio ambiente: la concentración de miles de personas supone el reto de gestionar los residuos que se generen.

Entre las principales conclusiones del estudio destaca también que, entre los motivos para elegir un festival u otro -más allá del cartel-, el compromiso con la sostenibilidad es importante para una cuarta parte (24,7%) de los encuestados, aunque priorizan otros aspectos como el precio de la entrada (53,4%), la localización (49,3%) o los servicios y facilidades del recinto (42,5%). A pesar de todo esto, 6 de cada 10 canarios (58,9%) estarían dispuestos a pagar más por la entrada de un festival si este fuera 100% sostenible y participarían como voluntarios en una recogida de residuos en el entorno de un festival (61,6%).

El festival del futuro: 100% sostenible

Para los canarios, el festival del futuro 100% sostenible pasaría por ofrecer envases completamente reciclables (60,3%), la recogida selectiva de residuos para su reciclaje (58,9%), la utilización de energías renovables (50,7%) o facilitar opciones de ecomovilidad (49,3%).

Según el estudio realizado, los canarios, cuando acuden a un festival, son los que más se preocupan por reciclar los envases de las bebidas que consumen. De hecho, el 77,1% afirma que siempre lo hacen, mientras que un 20,8% lo hace a veces. Solo un 2,1% admite que nunca recicla. De los que reciclan siempre, cuando depositan sus envases en los puntos adecuados, la mayor parte (35,4%) lo hacen fuera del recinto del festival y el 29,2% los deposita en los puestos de comida y bebida.

“Los canarios se muestran comprometidos con el reciclaje de los envases en el entorno de los festivales. En este sentido, las latas de aluminio representan los atributos de la verdadera reciclabilidad, ya que pueden reciclarse infinitas veces sin perder calidad, independientemente de su color o diseño. En solo ocho semanas, una lata puede estar de nuevo en las tiendas, tras ser reciclada”, comenta Cyrille Vecchi, manager de Asuntos Públicos y Sostenibilidad para el Sur de Europa de Ball.

Las latas de bebidas son el envase más reciclado del mundo, con una tasa del 69%. De hecho, el 75% del aluminio que se ha producido a lo largo de la historia sigue en uso en la actualidad. Estos son algunos datos que evidencian por qué la lata representa el verdadero paradigma de la economía circular. Por otra parte, las latas presentan cualidades únicas frente a otros envases como el hecho de ser ligeras o mantener la bebida fría.

El empresario estadounidense Jeff Kirschner es el creador de Litterati, la aplicación que permite a los usuarios identificar, ubicar y recoger los residuos de sus ciudades, unos datos que, posteriormente, son utilizados para trabajar con las marcas y organizaciones de las que proceden en origen los productos que generan esos residuos, con el objetivo de buscar soluciones más sostenibles.


Litterati surgió durante un paseo en un lago de California en el que Kirschner iba acompañado de sus dos hijos pequeños quienes le advirtieron de un plástico flotando en la superficie. En aquel momento, el empresario recordó sus años de infancia en los campamentos de verano cuando el director, antes de que llegaran los familiares, les animaba a recoger cinco piezas de residuos. De este modo se le ocurrió extender ese sistema a todo el mundo y en su cuenta de Instagram empezó a subir y compartir fotos artísticas de una lata de refrescos, un cigarrillo, un ticket… y, poco a poco, se dio cuenta de que estaba generando una base de datos. Así lanzó su primera app.

Al identificar y geolocalizar la basura que se recoge se obtiene una información valiosa sobre marcas y envases. Con ella se confeccionan mapas de las zonas problemáticas para poder actuar sobre el problema. Más de 110.000 personas de 115 países ya se han descargado la aplicación consiguiendo grandes historias de impacto positivo.

Un ejemplo del éxito que está teniendo esta aplicación se puede apreciar en Holanda donde los usuarios identificaron que el envoltorio de plástico de un caramelo estaba por todas las calles de la ciudad. De este modo comenzó una campaña en la que todos los que encontraban el envoltorio lo capturaban y recogían. Después de dos meses se recogieron 16.000 muestras. Con esos datos fueron a hablar con el máximo responsable de la compañía que se comprometió a crear un tipo de envoltorio más sostenible.

No es el único caso. En la escuela de Fremont, en California, sus estudiantes de quinto grado utilizaron Litterati para etiquetar, mapear y recolectar 1.247 piezas de basura en el campus durante varias semanas. Comprobaron que las pajitas y envoltorios de la cafetería eran el principal residuo. Y pidieron al director que dejara de comprar bebidas con pajitas. Ahora cuentan con un campus más limpio.

Casi el 80% de los campos de golf españoles de menos de 18 hoyos, y más del 60% en aquellos de 18 o más, utilizan agua regenerada o desalada, no apta para el consumo humano, para su riego.


Estos datos se desprenden del “Estudio del uso del agua en los campos de golf españoles” llevado a cabo por la Real Federación Española de Golf, junto a las principales Asociaciones de Golf (Asociación Española de GreenKeepers, Asociación Española de Gerentes del Golf, Asociación Española de Campos y PGA de España), presentado el pasado 24 de enero durante la celebración de la Feria Internacional de Turismo en Madrid.

Dichas cifras fueron conseguidas gracias a la elaboración de un formulario con distintas preguntas relacionadas con las fuentes de extracción de agua, el tipo, el porcentaje de uso con respecto al total del riego utilizado, su calidad y propuestas de trabajo dirigidas a la RFEG (Real Federación Española de Golf) y a la AEDG (Asociación Española de GreenKeepers) en materia de regulación fitosanitaria.

Este formulario fue enviado a todas las Asociaciones y campos de golf y se obtuvo respuesta del 58% de ellos (237 de 408). Los campos con menos de 18 hoyos tienen un porcentaje de 76.2% de uso de agua regenerada no apta para el consumo humano, el 1,2% utilizan agua desalada y el 22,6% restante emplean otras fuentes. En cuanto a los campos de 18 o más hoyos, el 57,3% utilizan agua reciclada, el 3,6% hacen lo propio con la desalada y el 38,5% emplean otras fuentes.

Para aumentar la sostenibilidad, los responsables de los campos de golf consideran que es necesario que se lleve a cabo una regulación nacional en relación a la gestión y uso del agua.

La media de volumen de agua consumida para el riego en los campos de menos de 18 hoyos se sitúa entre 100.000 y 200.000 metros cúbicos, mientras que en los de 18 o más hoyos (a mayor número de hoyos, mayor consumo) entre 100.000 y 300.000 metros cúbicos, incluso en algunas ocasiones llegando a superar esta última cifra.

La utilización del agua regenerada en dichos campos tiene numerosos beneficios para el medio ambiente, para la conservación de acuíferos naturales, genera riqueza, pues el agua regenerada es pagada por los campos de golf; se mejora la utilización del agua por hectárea con respecto a otros sectores; crea empleo; genera espacios que favorecen la biodiversidad, además de favorecer el mantenimiento del caudal ecológico de los ríos, la restauración de humedades y la conservación de los ecosistemas.

La circulación en bicicleta para ir a trabajar o realizar cualquier clase de desplazamiento cada vez gana más popularidad debido a los numerosos efectos beneficiosos que produce la utilización de este vehículo, tanto para la salud de las personas como para el medio ambiente.


En los últimos años, la promoción de la bicicleta como medio de transporte cotidiano se ha convertido en un elemento habitual dentro de las políticas de sostenibilidad y equidad en las ciudades, puesto que resultan evidentes los beneficios de este vehículo en términos de reducción en el uso del espacio vial, minimización del consumo de energía, disminución en las emisiones contaminantes, etc.

Además de evitar los molestos embotellamientos, una ciudad más libre de vehículos a motor también contribuye a ayuda a reducir la contaminación acústica, que en las ciudades más pobladas supera los 65 decibelios, nivel que supera los 50 decibelios recomendados por la Organización Mundial de la Salud.

La mayoría de los viajes en vehículos dentro de las ciudades se realizan recorriendo cinco kilómetros o menos, distancias que pueden ser transitadas en bicicleta sin demasiado esfuerzo. Precisamente los viajes cortos son los más contaminantes por parte de los vehículos ya que los motores no llegan a coger la temperatura adecuada para su funcionamiento óptimo. De este modo, cuando el motor funciona en frío requiere más combustible ya que la quema no se produce de forma eficiente, lo que aumenta la emisión de sustancias dañinas.

Además del dióxido de carbono, los automóviles a motor también emiten otros gases de efecto invernadero, hidrocarburos y sustancias en forma de partículas finas que resultan perjudiciales para la salud de las personas, de las plantas y de la propia atmósfera.

En este sentido, por cada kilómetro que se recorre en bicicleta, en lugar de usar un vehículo a motor, se evita la emisión a la atmósfera de aproximadamente 300 gramos de dióxido de carbono.

Mejora de la salud

La bicicleta como medio de transporte también es una forma de promover la actividad física moderada y frecuente en la vida cotidiana, trayendo beneficios a la salud relacionados con la prevención de enfermedades crónicas; la mejora el funcionamiento del cerebro, la calidad del sueño y la digestión; la disminución de la hipertensión arterial y la obesidad, el refuerzo del sistema inmunológico, etc.

Tanto es así que diversos estudios científicos realizados en ciudades europeas han asociado el uso de la bicicleta con una reducción del 28% en el riesgo de mortalidad por todas las causas, encontrando además que países con mayores tasas de uso de la bicicleta tienen menor prevalencia de obesidad.

A modo de ejemplo, en tan sólo diez minutos de actividad encima de una bicicleta a un ritmo menor a 16 kilómetros por hora, una persona que pese 60 kilos habrá quemado 40 calorías, y una persona de 100 kilos habrá consumido casi 70 calorías.

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