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La mayoría de los productos que se usan a diario vienen envasados, envueltos, empaquetados o cubiertos de plástico. Este material se ha convertido en un problema para el medio ambiente, ya que una bolsa tarda unos 55 años en descomponerse y una botella, cerca de 400. Algunos países ya han tomado medidas para limitar el uso del plástico, y cada vez son más las iniciativas que luchan contra su impacto.


Uno de los proyectos más sorprendentes e innovadores es el de la empresa taiwanesa MINIWIZ Co. Jackie Chan Group, que consiste en una planta de reciclaje móvil que convierte la basura en azulejos aptos para su uso en la construcción.

Así, con solo cinco botellas de plástico usadas, esta planta puede obtener una baldosa. La idea de sus promotores nació para abordar el problema de los residuos en comunidades aisladas usando técnicas de reciclaje industrial mediante una plataforma móvil, automatizada y autoalimentada.

TrashPresso es una planta de unos 12 metros de altura que puede ser remolcada de un lugar a otro y, a diferencia de los sistemas de reciclaje existentes, la planta funciona con energía solar, lo que hace que pueda ser usada de forma independiente a cualquier red eléctrica. De esta forma, la planta puede procesar en los lugares más remotos del planeta.

El plástico, sin embargo, no es el único material que recicla la planta. TrashPresso también trata productos textiles y, en 40 minutos de trabajo, es capaz de producir azulejos suficientes para cubrir 10 metros cuadrados.

Una vez llega a destino, el contenedor se abre y empieza su tarea de reciclado. La basura se recoge localmente, luego se lava, se tritura, se funde y se moldea a través de un proceso automatizado. El agua necesaria para este proceso se reutiliza durante el proceso. El producto final son azulejos que pueden ser usados para acabados interiores o exteriores de viviendas.

La firma que ha desarrollado este proyecto, liderada por Huang y por Jarvis Liu, trabaja desde 2005 en la búsqueda de soluciones innovadoras de reciclaje. Entre otras iniciativas, esta empresa es la responsable de los innovadores Polli-bricks, ladrillos reciclados creados a partir de botellas de plástico y cuya eficiencia ya está probada en varios edificios.

Entre las infraestructuras construidas con este material está el Taipei Expo Park, un edificio, plenamente funcional, de titularidad pública y hoy reconvertido en museo, que fue construido con 1,5 millones de botellas recicladas. Tiene nueve plantas y, pese a pesar un 50% menos que un edificio convencional, es lo suficientemente fuerte como para resistir las fuerzas de la naturaleza, incluido el fuego.

Las botellas de plástico están fabricadas principalmente con PET (Tereftalato de polietileno), un plástico derivado del petróleo que no es biodegradable. La degradación del PET en la naturaleza ocurre principalmente mediante la acción de los rayos del sol y es un proceso tan lento que una botella de plástico tarda en descomponerse una media de 450 años. Sin embargo, se trata de un producto muy fácil de reciclar que suele tratarse en plantas de transformación para elaborar nuevas botellas y otros objetos plásticos.


Por otra parte, desde el punto de vista del reciclaje creativo, las botellas de plástico constituyen un verdadero filón a la hora de imaginar otros posibles usos. Uno de estas posibles utilidades es la elaboración de sencillos sistemas de riego por goteo para las plantas, un método que permite que el agua se filtre lenta y directamente hacia las raíces de las plantas, sin que se sufran las pérdidas de agua que normalmente se producen con los métodos de riego estándar.

De este modo, el riego por goteo permite que exista un suministro constante de agua hacia las plantas durante un periodo de tiempo determinado, lo que permite despreocuparse por el hecho de regresar de vacaciones y encontrarnos con las plantas secas o marchitas. Además, con la realización de estos sistemas de irrigación también se contribuye al cuidado del medio ambiente, mediante el reciclaje de los materiales utilizados así como al ahorro de agua ya que de, este modo, la planta solo consume la cantidad que necesita y, a la vez, se evita el gasto excesivo de ese bien tan preciado.

El proceso de construcción en muy sencillo. Se parte de una botella de plástico de un litro y medio o dos litros, dependiendo del tiempo que queramos tener el sistema en funcionamiento. A continuación se quita la tapa y se perforan con un clavo o un taladro uno o varios orificios. La cantidad de orificios que se realicen en la tapa determinará la velocidad con la que fluya el agua, de modo que a más orificios, el agua goteará más rápido. El tamaño del orificio también contribuirá a la velocidad de flujo del agua: un orificio más pequeño permitirá que el agua gotee lentamente, mientras que los orificios más grandes harán que el agua se termine rápidamente.

El siguiente paso es hacer un orificio cerca de la planta o del grupo de plantas, que debe ser lo suficientemente profundo como para enterrar la boca de la botella y que ésta se mantenga llena de agua en posición vertical. Solo queda asegurar la botella en su lugar presionando la tierra a su alrededor y dejar que el sistema y la gravedad hagan su trabajo. Estos sistemas de irrigación también pueden colocarse de forma aérea, con solo situar la botella por encima de la planta que se quieran mantener con un flujo contante de agua.

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La organización medioambiental que promueve la economía circular a través del reciclaje, Ecoembes, apunta que se reciclaron 1.351.903 toneladas de envases durante 2016 en España. Estos datos reflejan un aumento del 4% con respecto al año anterior, lo que supone un ahorro de más de un millón de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera.

Desde la organización aseguran que estos buenos resultados se deben al “compromiso conjunto de la sociedad a la hora de depositar sus envases correctamente en los contenedores azules y amarillos”. Además, reconoce que el esfuerzo y la implicación demostrada por parte de las administraciones públicas y empresas privadas ha contribuido en la obtención excelentes resultados.

Según los datos publicados, cada habitante español depositó durante 2016 una media de 13,2 kg en el contenedor amarillo, correspondiente a envases de plástico, latas y briks. También colocó 15,5 kg en el azul destinado a la reutilización de envases de papel y cartón. Estas cifras reflejan un incremento respecto a 2015 del 4% y del 2,7% respectivamente.

Durante el año anterior se colocaron más de 14.000 contenedores de recogida selectiva en más de 8.000 municipios de la geografía española y los ciudadanos depositaron una media de 1.081 envases al contenedor amarillo y 698 al azul.

Además, con el fin principal de inculcar la necesidad de establecer un compromiso por parte de todos, Ecoembes ha trabajado en la promoción de un entorno limpio en actos de relevancia social como pueden ser eventos deportivos, festivales o aeropuertos habilitando más de 1.600 puntos de recogida.

Por último, la organización sin ánimo de lucro hace balance de su actuación durante estas dos décadas de actividad. Asegura que con la colaboración de la población y el sector público y privado se han ahorrado 17.7 millones de toneladas de dióxido de carbono, 33,6 millones de megavatios y 428 millones de metros cúbicos de agua, es decir, casi el 20% del consumo de este bien en España durante 2026.

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El plástico está considerado uno de los materiales que más tiempo tarda en degradarse. Dependiendo del tipo de objeto que se produzca con él, su eliminación total puede oscilar entre los 100 y los 1000 años.

Por este motivo, resulta indispensable comenzar a crear nuevos materiales que traten de sustituir a este tan perjudicial para la sostenibilidad del planeta. Pedram Zolgadri y Carolin Fiechter están contribuyendo en este sentido, pues han ideado una vajilla biodegradable que puede ser usada fuera de casa y que no contamina ni genera basura.

La empresa Leaf Republic, ha sido la encargada de poner en marcha este proyecto. Desde su página web oficial establecen que uno de sus principales objetivos es la creación de una empresa sostenible y social. Asimismo, esperan que su modelo de trabajo se extienda por el mundo para poder asegurar la sostenibilidad del planeta a través de la reducción de materias de complicada degradación.

En cuanto a la elaboración de esta vajilla sostenible cabe destacar que se lleva a cabo a través de una hoja impermeable y biodegradable que solo necesita 28 días para descomponerse. La materia prima proviene de una vid silvestre que crece en Asia y Sudamérica y no utilizan aditivos sintéticos, colorantes artificiales ni pegamento para su fabricación.

La estructura de la mayor parte de elementos que componen su vajilla es sencilla. Se trata de dos capas de hojas cosidas con fibra de palmera y separadas por una capa de papel impermeable. Una vez realizada su función, estos utensilios pueden ser utilizados para compostar o simplemente esperar a que la naturaleza los descomponga.

Pese a que su precio es aún elevado, alterativas como esta o la elaboración de botellas con bioplástico se postulan como alternativas reales del plástico, esperemos que en un futuro no tan lejano.

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