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Decálogo para contribuir con la economía circular desde casa

12 Febrero 2018 0 comentario

La economía circular propone algo simple y complejo a la vez: consumir menos, reciclar más y aproximarse, poco a poco, a la desaparición del concepto de basura que manejamos en la actualidad. Esta nueva forma de pensar abre un camino para conservar la salud del planeta, promoviendo la desaparición de la cultura del usar-tirar, un modelo insostenible que arrasa tierra, flora y fauna.


Se trata de un cambio del que nadie duda de su importancia y al que ya se han sumado gobiernos, ciudades y empresas de todo el mundo, hasta el punto de que Bruselas, con su último paquete de medidas, ya ha puesto fecha a la transición, con objetivos concretos para el año 2020.

Paralelamente a la economía circular que se debate en programas, cumbres y conferencias internacionales, este nuevo concepto también debe desarrollarse desde los propios hogares y, para ello, basta con revisar algunos hábitos y cambiar algunas cosas para adaptarlas a esa nueva filosofía de vida. En este decálogo se recogen unos cuantos consejos al respecto.

Rechazar lo que no se necesite. Dentro de lo que no se necesita se incluyen artículos desechables, propaganda, muestras de productos, botes de gel de los hoteles, tarjetas de establecimientos, etc. Todas esas cosas casi siempre van a acabar en la basura por lo que, si de verdad no se necesitan, mejor es no cogerlas.

Aprender a deshacerse de lo que no se usa. Casi todas las personas almacenan cosas que hace años dejaron de usar pero que no quieren desprenderse de ellas. En muchos casos son objetos que siguen teniendo valor y pueden tener fácil salida en mercados de segunda mano. Más aún con las aplicaciones y servicios de intercambio que hoy todo el mundo utiliza.

Reparar antes que tirar. Vivimos en una sociedad tecnológica en la que los productos comprados se consideran antiguos y pasados de moda con tan solo un año y medio de uso. Por ello, reparar y no tirar, dentro de lo posible, es más importante que nunca, así como ejercer el derecho legal a la garantía de dos años. En este sentido, si se quiere arreglar algo y no se sabe dónde acudir, se pueden consultar directorios como Alargascencia, una iniciativa que ya cuenta con más de 2.000 establecimientos que ofrecen este servicio.

Elegir lo duradero antes que lo desechable. Muchos de los útiles cotidianos de una casa son de usar y tirar, aunque es fácil cambiar estos productos por artículos duraderos. Desde servilletas de tela en lugar de papel, pañuelos en vez de toallitas o cajas y bolsas de tela en lugar de las bolsas de plástico de un solo uso que tienen los días contados.

Reducir la basura al mínimo. En este apartado los consejos van desde preparar comidas que generen la menor cantidad posible de desperdicios hasta elegir las facturas en formato digital, en lugar de que las envíen a casa en papel, pasando por negarse a recibir publicidad o cualquier otro comportamiento que reduzca la basura que se acumula diariamente en casa.

Hacer la lista de la compra. Racionalizar nuestro consumo puede pasar por adoptar unos pequeños trucos. El primero de ellos es planificar qué parte del salario se va a dedicar a compras y qué parte a ocio. Otro truco es llevar el dinero justo que necesitemos porque llevar la tarjeta de crédito es sinónimo, a veces, de llevar todo el dinero que tenemos encima, lo que invita a comprar más irreflexivamente. Y, por supuesto, hacer la lista de la compra antes de salir de casa evitará comprar más cosas de las necesarias.

Comprar de segunda mano. Adquirir cosas de segunda mano no solo es más barato, sino que se pueden encontrar cosas cuya calidad ya ha sido probada. El mercado de estos productos se ha ampliado en los últimos años hasta límites desconocidos con plataformas digitales de compra venta como eBay o Amazon, entre otras muchas.

Compostar en casa. La materia orgánica generada por peladuras, vegetales o fruta supone el 40% de lo que se tira diariamente al cubo de basura. Y todos esos residuos pueden transformarse en abono tras un proceso relativamente sencillo. Para ello tan solo se necesita una compostadora, que se puede comprar en superficies de jardinería o fabricarla por uno mismo. Con el compostaje de los restos orgánicos de comida se pueden abonar los jardines de las casas, evitando la erosión del suelo y enriqueciéndolo.

Ajustar el gasto energético. La economía circular también promueve el ahorro de recursos y entre ellos se encuentra la energía. En este sentido, se pueden hacer muchas cosas para reducir los consumos como cambiar las bombillas por unas de bajo consumo, llenar la lavadora y el lavaplatos en cada uso y, muy importante, saber utilizar el termostato de los electrodomésticos. Adquirir electrodomésticos de alta calificación energética, una caldera moderna y realizar un buen aislamiento de la vivienda son otras medidas adicionales de ahorro.

Reciclar. La economía circular propone que todos los desechos tengan una segunda vida útil como nuevas materias primas. Los envases plásticos, briks, latas, envases y vidrio tienen su sitio en los contenedores de colores. Pero también hay que ocuparse de pilas, aparatos electrónicos, químicos, textil, aceite, madera, etc.

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